El uso continuado de los IBP (Inhibidores de la Bomba de Protones, la familia de fármacos que disminuye la secreción ácida gástrica y que incluye al omeprazol) encendió las alarmas de la comunidad médica internacional. Una investigación multicéntrica presentada en la 34ª Semana Europea de la Gastroenterología en Barcelona reveló que una importante proporción de personas que ingieren estos protectores gástricos de forma crónica lo hacen por pura inercia, pese a que la patología de origen que motivó la prescripción ya desapareció por completo.
El ensayo clínico siguió a 629 pacientes que consumían IBP desde hacía un promedio de nueve años sin un justificativo clínico vigente. Para evaluar la deshabituación, los especialistas compararon tres esquemas: administración a demanda ante molestias puntuales, reemplazo por alternativas naturales para mitigar la acidez, y una toma intermitente con esquemas pautados (como días alternos). Tras doce meses de seguimiento, el 43,2% de los voluntarios logró abandonar con éxito la medicación sin recurrencias graves, demostrando niveles similares de eficacia en las tres alternativas.
El efecto rebote y el desafío de los hábitos alimentarios
Uno de los mayores escollos para descontinuar el fármaco es el denominado «efecto rebote»: al interrumpir de golpe un tratamiento prolongado, el estómago genera una hiperproducción transitoria de ácido que suele confundirse erróneamente con la reaparición de la enfermedad original. Al respecto, guías de la AGA (Asociación Estadounidense de Gastroenterología, una de las principales entidades científicas mundiales en aparato digestivo) recomiendan una desescalada progresiva para neutralizar ese pico sintomático.
En diálogo médico sobre la temática, profesionales locales advirtieron que el fármaco suele sustituir pautas dietarias básicas. La doctora Raquel González, especialista en gastroenterología del Hospital Alemán, remarcó que muchos pacientes eligen tomar la pastilla para tapar los efectos de comidas ultraprocesadas o irritantes en lugar de corregir la alimentación. Por su parte, la doctora Karina Leta, titular del área de Gastroenterología Infantil del Hospital de Clínicas, advirtió que la prescripción inadecuada y el sobreúso también crecieron en pediatría, donde siempre se requiere un diagnóstico integral antes de indicar IBP.
Venta libre y riesgos del consumo crónico
La problemática adquiere particular relevancia en la Argentina, donde la familia de los prazoles pasó a la categoría de venta libre en mayo de 2024, una medida que eliminó la exigencia de receta médica (con la consecuente pérdida de cobertura en obras sociales y prepagas) y potenció el riesgo de la automedicación descontrolada.
De acuerdo con estimaciones publicadas por la revista científica Canadian Family Physician, entre el 30% y el 40% de las recetas de IBP en el mundo carecen de justificación médica actual, recordando que la indicación estándar para reflujo leve o dispepsia suele ser de apenas 4 a 8 semanas. Aunque son fármacos seguros bajo supervisión, las investigaciones asocian su toma crónica injustificada con déficit de magnesio e incremento de infecciones intestinales, por lo que los médicos aconsejan auditar periódicamente los botiquines hogareños junto al profesional de cabecera.
Fuente: Clarín.








