Lo que pasó hace unos días en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus no fue solo un hecho policial más; fue una muestra de crueldad que nos sacudió a todos. Hoy, ese espanto empieza a encontrar un camino en los tribunales: los tres sospechosos un hombre y dos mujeres trans ya están bajo prisión preventiva. Para la fiscalía, el panorama está claro: no hubo un descuido ni una pelea casual, hubo una intención clara de terminar con la vida de un ser humano.
Es difícil de procesar que alguien pueda rociar con alcohol y prender fuego a otra persona. Mientras los abogados debaten artículos y códigos, hay una realidad mucho más dolorosa que ocurre en una cama de hospital. La víctima sigue ahí, peleando minuto a minuto por su vida, con sus vías respiratorias muy dañadas y el cuerpo marcado por un ataque que nadie merece sufrir.
La carátula de «tentativa de homicidio» refleja la gravedad de lo que se investiga. No se trata solo de una detención, se trata de buscar un poco de paz entre tanto horror. Como sociedad, nos queda acompañar a la distancia la recuperación de este hombre y exigir que el proceso judicial no pierda el ritmo. Porque frente a tanta violencia, el único consuelo posible es que la justicia actúe con firmeza.







