Marcos Gabriel Pereyra irá a juicio como único responsable del siniestro que se cobró las vidas de Juan Torres y Mirko Aballay en enero pasado. Las pericias confirmaron un peligroso «cóctel» de sustancias en su sangre al momento del impacto.

La justicia sanjuanina se encamina a juzgar uno de los episodios de imprudencia vial más graves de los últimos años. El fiscal Sebastián Gómez y sus ayudantes Adrián Elizondo y Agostina Pérez, de la UFI Delitos Especiales, han solicitado formalmente la elevación a juicio de la causa contra Marcos Gabriel Pereyra, el conductor que, bajo los efectos de sustancias prohibidas, protagonizó un choque fatal en el departamento 9 de Julio.
Pereyra enfrenta una acusación por homicidio culposo triplemente agravado (por conducción bajo efectos de estupefacientes, culpa temeraria y pluralidad de víctimas), sumado al delito de lesiones culposas agravadas por la tercera víctima del siniestro. La fiscalía adelantó que solicitará una pena de cinco años de prisión.

Una noche de excesos y maniobras erráticas
El siniestro ocurrió la noche del pasado 19 de enero de 2025, alrededor de las 21:20 horas. Según la reconstrucción fiscal, Pereyra conducía una camioneta Toyota Hilux por la Ruta 183 en sentido Sur a Norte, acompañado por su amigo Mirko Javier Aballay. En sentido contrario circulaba un Volkswagen Gol, en el que viajaban Juan Alberto Torres Figueroa y su pareja, Vanesa Belén Ahumada.
Testigos aseguraron que Pereyra venía de una fiesta donde el consumo de sustancias fue constante. Kilómetros antes del choque, la camioneta ya realizaba maniobras en «zigzag» a unos 90 km/h, perdiendo el control del vehículo en múltiples ocasiones.
La prueba científica: Cocaetileno
La investigación pericial fue contundente respecto al estado del imputado. Los estudios realizados cuatro horas después del impacto revelaron no solo la presencia de cocaína, sino también de cocaetileno en su orina.
«Este marcador biológico es la prueba científica de que Pereyra consumió simultáneamente alcohol y cocaína», explicaron fuentes judiciales. Esta combinación anula la percepción del riesgo y ralentiza los tiempos de reacción, factores que resultaron letales.
El impacto y un desenlace estremecedor
La cronología del accidente describe un acto de absoluta indefensión para las víctimas. Entre la calle 11 y Amable Jones, la Hilux invadió el carril contrario. Juan Alberto Torres, el conductor del Gol, intentó una maniobra desesperada hacia la banquina oeste para evitar la colisión, pero el impacto de frente fue inevitable. Torres murió en el acto, mientras que su pareja, Vanesa Ahumada, sufrió heridas de consideración.
Sin embargo, la tragedia sumó una segunda víctima de manera espeluznante. Mirko Aballay, el joven que acompañaba al imputado en la camioneta, no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Tras el impacto y vuelco, fue despedido del vehículo y cayó a un canal de riego.
La autopsia reveló un detalle desgarrador: Aballay no murió por los golpes, sino por asfixia mecánica por sumersión. Cayó al agua inconsciente pero con vida, y terminó ahogándose al no poder reaccionar.
Un vehículo transformado en arma
Para el Ministerio Público Fiscal, no hay dudas de la imprudencia temeraria de Pereyra. Se lo señala por haber violado el deber objetivo de cuidado, omitiendo las normas elementales de tránsito y conduciendo un vehículo de gran porte en condiciones psicofísicas nulas.
La elevación a juicio marca el inicio del proceso final para determinar la responsabilidad de un hombre que, según la fiscalía, transformó su camioneta en un arma mortal aquella noche de enero.







