Francisco Ontiveros y Brisa Ocampo aceptaron su culpabilidad en un juicio abreviado. El esquema utilizaba la fe y la confianza del círculo íntimo para captar fondos que nunca fueron invertidos.
San Juan, viernes 8 de mayo de 2026 – En una jornada marcada por la tensión y el cierre de un ciclo de angustia para decenas de damnificados, la Justicia sanjuanina dictó sentencia definitiva en el resonante «Caso Green House». La pareja compuesta por Francisco Ontiveros y Brisa Ocampo fue condenada a prisión efectiva tras reconocer su autoría en una estafa piramidal que alcanzó dimensiones millonarias.
La resolución fue homologada por el juez Federico Rodríguez, tras un acuerdo de juicio abreviado entre el fiscal Eduardo Gallastegui (UFI Delitos Informáticos y Estafas) y la defensa de los imputados. Las penas quedaron establecidas de la siguiente manera:
- Francisco Ontiveros: 6 años de prisión efectiva.
- Brisa Ocampo: 4 años de prisión efectiva.
Inmediatamente después de la lectura del fallo, ambos fueron trasladados esposados al Servicio Penitenciario Provincial.
De 31 denuncias a un desfalco de $350.000.000
Lo que en marzo de este año comenzó como una investigación por 31 denuncias iniciales, terminó convirtiéndose en un expediente gigante. Con el correr de las semanas, los damnificados se multiplicaron hasta llegar a 75 hechos probados de estafa.
El perjuicio económico también escaló de forma estrepitosa: de una estimación inicial de 138 millones de pesos, la auditoría final reveló que el desfalco roza los $350.000.000, sin contar el valor de diversos vehículos entregados por las víctimas como «inversión».
La mecánica del engaño: Fe, locales modernos y falsas promesas
La pareja operaba bajo las firmas de fantasía «Green House» y «Green House Fintech». Para proyectar una imagen de solvencia, montaron oficinas en zonas estratégicas de Santa Lucía y Capital. Sin embargo, la investigación fiscal demostró que era una cáscara vacía: las empresas no tenían CUIT, registros impositivos ni estructura legal alguna.
Los puntos clave de la maniobra:
- Círculo de confianza: Aprovechando su pertenencia a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Tiempos, captaron los ahorros de amigos de la infancia, familiares y otros feligreses.
- Retornos irreales: Prometían ganancias extraordinarias de entre el 4% y el 6% semanal, alegando reinversiones en minería y capitales externos, movimientos que jamás existieron.
- Inversiones en especies: No solo recibían efectivo; aceptaron autos (Citroën Picasso, Ford Explorer) y motos de alta cilindrada.
El colapso y las «soluciones» insolventes
El sistema comenzó a desmoronarse en septiembre de 2025, cuando el flujo de nuevos inversores se detuvo y los pagos cesaron. En un intento desesperado por ganar tiempo, Ontiveros y Ocampo ofrecieron planes de pago con cheques sin fondos o devolvieron vehículos en pésimas condiciones —algunos con motores fundidos— que otros inversores habían entregado previamente.
Atrás quedaron las lágrimas de Ontiveros en las audiencias previas, donde aseguraba que su intención era «ayudar a la gente». La contundencia de las pruebas recolectadas por la UFI volvió su situación indefendible, derivando en la aceptación de la culpa y el traslado directo al penal de Chimbas.
El dato: La magnitud del caso lo posiciona como uno de los fraudes financieros más importantes de los últimos años en la provincia de San Juan, tanto por el monto como por el daño al tejido social de la comunidad afectada.








