A casi nueve meses del trágico tiroteo en el barrio Valle Grande que le costó la vida al nene de 8 años, la causa sumó definiciones clave mediante juicios abreviados. Tras el reconocimiento del autor material, los demás implicados agilizaron la resolución de su situación procesal.
La investigación penal por el asesinato del pequeño Emir Barboza (8), ocurrido en octubre del año pasado en el interior del populoso barrio Valle Grande, en el departamento Rawson, ha entrado en su etapa de resoluciones definitivas en los Tribunales de la provincia. En las últimas horas, los hermanos Carrizo —quienes formaban parte del grupo de imputados originales— admitieron formalmente ante la Justicia su participación en la feroz balacera y aceptaron ser condenados mediante el mecanismo de juicio abreviado.
Este avance se acopló a la reciente resolución de la autoría material del hecho. Días atrás, Gonzalo José David Santander reconoció haber efectuado el disparo mortal que terminó con la vida del menor y pactó una pena de 13 años y 6 meses de prisión efectiva. Al quedar establecido el autor del homicidio, la situación procesal del resto de los involucrados en la disputa vecinal dio un vuelco drástico.
En ese contexto, los hermanos Carrizo, bajo el asesoramiento de sus defensas y en acuerdo con el Ministerio Público Fiscal, decidieron reconocer que formaron parte de la violenta balacera cruzada que generó el caos aquella noche de octubre. Al aceptar su culpabilidad en los delitos conexos y de menor escala jurídica en comparación al homicidio (relacionados con el abuso y portación de armas en medio de la riña), evitaron afrontar un juicio oral y público tradicional, garantizándose una pena atenuada pero de cumplimiento efectivo.
El trágico trasfondo en Valle Grande
El crimen de Emir Barboza conmocionó a la sociedad sanjuanina el año pasado. Según se desprendió de la investigación policial y judicial, todo comenzó con una serie de altercados y agresiones cruzadas entre menores y miembros de tres facciones o familias del sector: los Limolle, los Carrizo y los Barboza.
La tensión acumulada escaló rápidamente hasta que, cerca de las 22:00 horas, comenzó un intenso tiroteo en las inmediaciones de la Manzana 16 del complejo habitacional. El pequeño Emir, totalmente ajeno a los conflictos de las bandas, quedó atrapado en la línea de fuego de manera circunstancial. Un proyectil calibre .22 le impactó de lleno en el pecho, provocándole la muerte casi instantánea antes de poder ingresar al Hospital Marcial Quiroga.
Las pericias científicas, que incluyeron estudios de absorción atómica (dermotest) y cotejos balísticos y genéticos, resultaron fundamentales para la Fiscalía a la hora de arrinconar a los sospechosos y forzar los acuerdos de juicio abreviado. Con la admisión de los hermanos Carrizo y la condena firme de Santander, el expediente judicial empieza a cerrarse, brindando una respuesta penal a una barriada marcada por el dolor y la violencia.







