El auge de los grandes proyectos metalíferos que se perfilan en la cordillera sanjuanina continúa dinamizando el tablero empresarial, acelerando alianzas entre gigantes nacionales y prestadores locales, al tiempo que reaviva las tensiones entre el sector privado y la conducción política. En una extensa emisión del ciclo Ecosistema Minero por Radio Colón, el titular de la Cámara de Proveedores Interdepartamentales Mineros de San Juan (CAPRIMSA), Fernando Godoy, compartió piso con Luis Teruel, Director de la empresa Plusmar y vicepresidente de la Cámara de Empresarios de Larga Distancia (CELADI), para balancear las conclusiones de las jornadas empresariales del sector y trazar una radiografía profunda sobre inversión, tecnología en alta montaña y el rol del Estado.
Asociatividad estratégica: «O nos unimos, o el negocio se lo llevan de afuera»
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la necesidad imperiosa de que las empresas locales conformen consorcios y esquemas de asociatividad. Frente a las exigencias operativas y la magnitud de capital que demandarán megaproyectos de cobre de la talla de Los Azules o El Altar, Teruel subrayó que ninguna compañía puede encarar semejante desafío en soledad: «El motor de todo esto es la inversión privada de las compañías internacionales y de los proveedores que estamos para viabilizarlo. En San Juan estamos dialogando con empresarios locales para buscar esquemas de integración. Es el único camino: sumar esfuerzos para brindarles a las operadoras soluciones a la altura de sus necesidades para los próximos años. En Argentina sabemos de trabajo en equipo; estamos para correr y ganar este campeonato de la minería en San Juan».
Por su parte, Fernando Godoy coincidió plenamente en el diagnóstico y lanzó una advertencia directa sobre el riesgo de perder protagonismo si la cadena local no se profesionaliza rápidamente: «Si nosotros no encontramos esta articulación virtuosa para encarar una minería mucho más grande y con otro contexto, el empresariado chileno o de otras partes del país se va a llevar el trabajo. Después vamos a terminar quejándonos y llorando sobre la leche derramada. Estamos a tiempo de visibilizar que los sanjuaninos podemos hacerlo sumando capacidades con jugadores de primer nivel».
Tecnología y seguridad extrema: por qué el transporte en cordillera no puede ser autónomo
Consultado sobre las tendencias globales de automatización que ya se observan en la extracción de mineral en rajo, Teruel fue tajante respecto al transporte de pasajeros en caminos de montaña: la tecnología debe actuar como un asistente del chofer, pero la pericia humana es insustituible.
«En caminos especiales de alta montaña, el servicio debe ser rigurosamente conducido por profesionales humanos. La tecnología autónoma no aplica a estas rutas. Sí incorporamos tecnología de asistencia a la conducción bajo normas ADAS de estándar mundial, unidades Euro 5 y monitoreo satelital en tiempo real conectado a mesas de operaciones que evalúan tanto las condiciones mecánicas del vehículo como la seguridad en el camino», explicó el directivo de Plusmar. Asimismo, detalló que para enfrentar los temporales invernales se están incorporando sistemas de calefacción independientes del motor principal: «Si una unidad queda varada por un corte de ruta o una nevada imprevista, estos equipos garantizan que el habitáculo mantenga un clima seguro y confortable para los trabajadores durante todo el tiempo que sea necesario».
Al analizar el contexto del transporte general, Teruel reflexionó además sobre el impacto del régimen de desregulación y mayor competencia instaurado en el país: «La competencia es positiva siempre y cuando se dé con valores justos. Ya hemos visto fracasar esquemas ‘low cost’ en otros sectores cuando se opera por debajo de los costos reales. Prestar servicios a pérdida termina degradando el mantenimiento y, fundamentalmente, pone en riesgo la seguridad de los pasajeros. El cliente minero no busca una tarifa regalada, sino previsibilidad, cumplimiento estricto de horarios y que sus trabajadores lleguen sanos y salvos a destino».
El faltazo ministerial que desató el malestar de los proveedores
El tramo más álgido del debate se produjo cuando se abordó el rol de los funcionarios provinciales y la dilatada reglamentación de la Ley de Desarrollo Minero Local y el Registro de Proveedores (REPROMIN). A pesar de que desde el Ministerio de Minería se había anunciado que el decreto reglamentario alcanzaba un grado de avance superior al 95%, la ausencia de autoridades provinciales en el foro empresarial de CAPRIMSA causó un fuerte disgusto.
Godoy, fiel a su estilo directo, no ocultó su indignación ante los micrófonos: «Lo digo públicamente y con profunda tristeza: ni el ministro Perea (Minería) ni el ministro Fernández (Producción) asistieron a un megaevento de tanta envergadura para el empresariado. Los ministros del área tendrían que haber estado presentes para charlar cara a cara con los empresarios, explicar en qué etapa está la ley y dar certezas sobre el decreto reglamentario».
En esa línea, el dirigente minero remarcó la asimetría entre las exigencias al sector privado y la presencia del sector público: «La incertidumbre no es solo del proveedor sanjuanino, sino de los empresarios que vienen desde afuera a ver cómo invierten en la provincia. Y el Gobierno tiene que entender que es parte fundamental de este negocio: ¿quién es el que más plata se lleva de todo el ecosistema minero? No son los proveedores ni las mineras; es el Estado, tanto nacional como provincial, a través de los impuestos. Por lo tanto, tienen la obligación de involucrarse. Los políticos están de paso por un mandato de cuatro años, pero la minería dura 70 u 80 años y le pertenece a los sanjuaninos».
Para finalizar, ambos dirigentes coincidieron en que el desarrollo del cobre —con proyectos millonarios en puerta— demandará profesionalismo, reglas de juego transparentes y un trabajo mancomunado donde el sector público asuma la misma velocidad y compromiso que demuestran las empresas y sus trabajadores en la alta cordillera.








