La discusión sobre el futuro del cobre y los megaproyectos en San Juan dejó de girar en torno a la vieja dicotomía de «minería sí o minería no» para adentrarse en un terreno más complejo: cómo se distribuyen sus beneficios, qué nivel de transparencia existe y cómo se administran las demandas de una sociedad expectante. En los estudios de Radio Colón, durante el programa Ecosistema Minero, Ernesto Cussianovich, director de la consultora Poliarquía, y Fernando Godoy, titular de CAPRIMSA, analizaron los resultados de las recientes mediciones de opinión pública presentadas en las jornadas empresariales del sector y lanzaron una advertencia sobre los riesgos del triunfalismo sin sustento.
La metáfora del «adolescente en crisis» y el debate sobre qué modelo minero construir
Para Cussianovich, la conflictividad y las discrepancias que hoy surgen entre cámaras, operadoras y estamentos del Estado no deben ser leídas como un retroceso, sino como una prueba de que la actividad cobró volumen real. «No tengamos miedo a la disputa, a la contradicción o al eventual conflicto. Cuando eso aparece es porque algo está ocurriendo, hay movimiento, aspiraciones y deseo. Hace menos de una década el escenario era ‘no a la minería’. Hoy pasamos del ‘no a la minería’ a discutir de qué manera la vamos a hacer», explicó el consultor.
En ese sentido, apeló a una ilustrativa figura sobre la maduración de la actividad en San Juan y el país: «La minería ya no es un niño que no tenía identidad; la sociedad ya la identificó y ahora tenemos un adolescente en crisis de desarrollo. Como todo adolescente, van a haber días en los que esté enojado, días contentos, días con granitos en la cara, momentos en que se enamora o se frustra. Lo fundamental es que los ‘padres’ —los actores que monitorean y conducen el ecosistema— estén detrás para guiar ese crecimiento».
El síndrome del «Yo quiero mi pedazo»: empleo, proveedores y obras indirectas
Al abordar la relación entre la ciudadanía y las promesas de la actividad, se debatió sobre la frase de la conocida canción de rock «yo quiero mi pedazo», metáfora que sintetiza el reclamo colectivo de beneficios tangibles. Cussianovich remarcó que las expectativas no se limitan únicamente a conseguir un contrato o un puesto de trabajo directo en la mina.
«Cuando alguien dice ‘quiero mi pedazo’, para algunos significa empleo directo y para los proveedores significa capacidad de aprovisionar con reglas claras. Pero para el público en general, que trabaja en el agro, en la vitivinicultura o en el comercio, ‘su pedazo’ es que la minería se traduzca en mejores rutas, mejor atención en los hospitales públicos, mejor educación e infraestructura comunitaria. Hay pedazos directos y pedazos indirectos; si la actividad genera tanta expectativa macroeconómica, el ciudadano común espera que los servicios básicos de su provincia den un salto de calidad», sostuvo.
El efecto bumerán: el peligro de convertir a los «pro-mineros» en desencantados
El punto más crítico señalado por el director de Poliarquía apuntó a la falta de información técnica precisa y al riesgo de sobredimensionar los plazos inmediatos. Cuando no se comunican con rigurosidad las etapas de construcción, exploración y factibilidad, la promesa de bonanza puede volverse en contra de la propia licencia social.
«No pongamos sobre la espalda de la minería la responsabilidad mágica de resolver todos los problemas de la macroeconomía nacional, de las reservas o de las divisas. Si un sector apoya a la minería porque cree que va a traer empleo o provisión, y esa promesa no se cumple el primer año, se dilata el segundo y no llega al tercero, el ánimo se transforma en enojo. Eso genera un efecto bumerán: transforma al pro-minero en un militante anti-minero, un salto mucho más dramático y riesgoso que el de aquel que por definición ideológica ya se oponía a la actividad», alertó Cussianovich. La responsabilidad de evitar esa frustración, remarcó, recae en toda la cadena: operadoras mineras, gobiernos y empresas proveedoras, quienes deben comunicar metas realistas a sus propios trabajadores.
La visión de CAPRIMSA: información transparente para frenar la incertidumbre
En sintonía con las conclusiones del estudio, Fernando Godoy subrayó la urgencia de aceitar los canales informativos entre las compañías multinacionales y la red productiva local. El dirigente sanjuanino puso el acento en proyectos de escala mundial que se encuentran en diferentes fases de maduración técnica, como Vicuña, Los Azules, El Altar, Pachón, Lunahuasi o Colpita.
«Coincido totalmente con Ernesto: la información es la base de todo y hay que limitar las falsas expectativas comunicando la verdad. Mostrar en qué etapa está un proyecto como Los Azules y en cuál está El Altar permite que el empresario entienda qué se necesita y qué montos son reales. La minería que viene es de excelencia y los negocios son muy buenos, pero necesitamos un ecosistema sano, transparente y articulado. Si nos equivocamos, nos corregimos y nos reinventamos, pero siempre con datos sobre la mesa», concluyó Godoy.








