Tres delincuentes encapuchados y armados tiraron abajo la puerta de una vivienda al mejor estilo policial. Golpearon a las víctimas del pelo, les exigieron dólares y, ante la desesperación del dueño de casa que saltó por un balcón para activar las sirenas vecinales, terminaron escapando con un botín insólito.
Un violento y cinematográfico asalto conmovió a los vecinos de la localidad bonaerense de Ituzaingó. Tres delincuentes encapuchados, vestidos completamente de negro y portando armas de fuego, irrumpieron en una vivienda familiar utilizando una modalidad que simula los procedimientos de las fuerzas de seguridad: destruyeron los accesos principales a puros golpes con un ariete de hierro, el mismo elemento pesado que usa la Policía para derribar puertas en los allanamientos.
El dramático episodio se registró el pasado miércoles minutos después de las 20 horas. Los asaltantes no dudaron en reventar primero el portón que da a la calle y, acto seguido, avanzaron hacia el interior del lote para destrozar la puerta de ingreso de la propiedad.
«Nos agarraron del pelo y nos hicieron bajar»
Una vez que ganaron el interior de la casa, los ladrones comenzaron a revisar a las apuradas las habitaciones de la planta baja. Al no encontrar a nadie, subieron al primer piso, donde se topuñaron con Débora, la dueña de casa, y su hija de 23 años.
«Se metieron en mi casa. Primero estuvieron en la parte de abajo, después subieron al primer piso y ahí nos agarraron a nosotras. Nos agarraron del pelo, nos hicieron bajar la escalera y ahí empezaron a presionar», relató Débora en un crudo testimonio sobre el calvario que les tocó sufrir.
La mujer detalló la violencia con la que actuaron los encapuchados, quienes venían con una información completamente errónea: «Estaban armados. Eran tres y estaban armados. Pedían dólares; se ve que les pasaron mal el dato. Me decían ‘sacá la guita que tenés’ y me pegaban en la cabeza», recordó con angustia.
Escape desesperado por el balcón y un botín menor
Mientras las dos mujeres eran apuntadas y maltratadas en la planta baja, el padre de la familia, que también se encontraba en el piso superior, tomó una decisión extrema para salvar a los suyos: se escapó por un balcón hacia el exterior con el único objetivo de buscar auxilio de inmediato.
El hombre logró ganar la calle y encendió la alarma vecinal del barrio. Ese estruendo, sumado a los sensores de la propia vivienda que empezaron a sonar en simultáneo, descolocó por completo a los delincuentes. Ante el temor inminente de quedar cercados por los patrulleros de la Policía Bonaerense, la banda entró en pánico y decidió abortar el plan original.
En la huida, los ladrones manotearon lo primero que tenían a mano y escaparon con un magro botín que quedó muy lejos de los fajos de moneda extranjera que buscaban: se llevaron una consola PlayStation, un teléfono celular y la billetera del propietario. Hasta el momento, las autoridades policiales de la zona analizan las cámaras de seguridad para intentar identificar a los sospechosos.







